El marqués echábase á reir, y mirándome...
—Aprenda usted, niño —me decía—. Esto se llama navegar en golfos mayores.
—Marqués —proseguía ella—, me voy á tomar la libertad de hacerme su socio. ¿Quiere usted que le dé diez mil duritos para que me los ponga en las contratas de tabacos? ¿Qué rédito me dará?
—¡María Santísima! ¡qué mujer! —exclamaba Fúcar con alarma jocosa—. Eloísa, me compromete usted...
—O si no, me los pone en un préstamo del Tesoro.
—Si el Tesoro no pide ya prestado, hija mía. Eso cuando tengamos otra guerra civil.
—Pues en las contratas de tabacos. ¿A ver? ¿qué rédito?
—Creerá usted que las contratas... —gruñía el marqués fluctuando entre las bromas y las veras.
—No haga usted caso, marqués —indiqué yo—. Estas mujeres ven todo con la imaginación. Desconocen la Aritmética: lo único que saben de ella es multiplicar.
—Sí: las contratas dan muchos millones.