—Una cosa terrible, Sr. D. Teodoro—replicó la señorita de Penáguilas, secando sus lágrimas—. Estoy pensando, estoy considerando qué cosas tan malas hay en el mundo.
—¿Y cuáles son esas cosas malas, señorita?... Donde está usted, ¿puede haber alguna?
—Cosas perversas; pero entre todas hay una que es la más perversa de todas.
—¿Cuál?
—La ingratitud, Sr. Golfín.
Y mirando tras de la cerca de zarzas y helechos dijo:
—Por allí se ha escapado.
Subió a lo más elevado del terreno para alcanzar a ver más lejos.
—No la distingo por ninguna parte.
—Ni yo—exclamó riendo el médico—. El señor D. Manuel me ha dicho que se dedica usted a la caza de mariposas. Efectivamente esas pícaras son muy ingratas al no dejarse coger por usted.