—¿Qué ibas a hacer allí?

—¿Yo... dónde?

—Allí. Bien comprendes lo que quiero decirte. Responde claramente, como se responde a un confesor o a un padre.

—Yo no tengo padre—replicó la Nela con ligero acento de rebeldía.

—Es verdad; pero figúrate que lo soy yo, y responde. ¿Qué ibas a hacer allí?

—Allí está mi madre—le fue respondido de una manera hosca.

—Tu madre ha muerto. ¿Tú no sabes que los que se han muerto están en el otro mundo o no están en ninguna parte?

—Está allí—afirmó la Nela con aplomo, volviendo tristemente los ojos al punto indicado.

—Y tú pensabas ir con ella, ¿no es eso?, es decir, que pensabas quitarte la vida.

—Sí, señor; eso mismo.