Y brincando como un cervatillo, fué á la cocina á dar la noticia á su hermana.
—¿Quién?
—El tío, mujer, el tío... ¿no te enteras?... Pero dígame usted, Ponce (volviendo al comedor con rapidez gatuna), ¿va de veras?... Estará usted muy contento, muy... triste quiero decir.
—Se harán ustedes cargo de que no puedo ir al teatro, ni visitar á la Pellegrini... Como ustedes conocen... Muy malo, muy malito... Dicen los médicos que no dura dos días...
—¡Pobre señor!... ¿Y qué hace usted que no se planta en casa del difunto... digo, del enfermo?
—De allí vengo... Esta noche, á las siete, le llevaremos el Viático.
Corrió doña Pura al despacho, donde estaba Villaamil.
—El Viático... ¿no te enteras?
—¿Qué?... ¿quién?