—¡A ver!... Pero como a ustedes no les importa, yo digo... ¿Y qué?

—Pues na... En fin, aliviarse.

—¡Contento que tiene usted al ciego Almudena!

—¿Qué le pasa?

—Que ha esperado a la señora toda la tarde... ¡Cómo había de ir, si andaba buscando al caballero canijo!...

—Un recadito nos dio para usted por si la veíamos.

—¿Qué dice?

—A ver si me acuerdo... ¡Ah! sí: que no compre la olla...

—La olla de los siete bujeros... que él tiene una que trajo de su tierra.

—¿Y qué? ¿Van a poner fábrica de coladores? Si no, ¿para qué son tantos ujeros?