—Señor, me asalta una idea, una idea...
—¿Presentimiento?
—Eso... Pienso que lo vamos a pasar muy mal, que padeceremos.
—También lo pienso yo.
—Si Dios lo quiere, sea.
—Padeceremos, sí, yo más que vosotras.
—¿Nosotras no? Pues eso no estaría bien. No, nosotras lo mismo, y si a mano viene, más.
—No, dejadme a mí que padezca lo más.
—¿Y es de veras que lo piensa? ¿Lo adivina?
—Adivinar no. El Señor me lo dice en mi interior. Conozco su voz. Tan cierto es, Beatriz, que padeceremos mucho, como que ahora es de día.