Mi marido me espera.

Federico.

Tu conciencia no te permite ponerte delante de mí.

Bárbara.

¿Mi conciencia? Yo no tengo culpa de nada. (Temblando.) Bastante le dije á la niña que no hiciera locuras.

Federico.

¡Valiente hipócrita estás tú! Entre las dos me habéis jugado una partida serrana. Debiera poneros en la calle, después de daros una mano de azotes.

Claudia.

¡Pues no dice que nosotras...! ¡Josús! ¡No me incomode..., después que...!

Federico.