Pues si esas opiniones no valen, valga la mía, y la mía es que no pagues á ese pillo.

Orozco, sereno y sonriente.

Pero si yo no te he dicho que pagaré á ese pillo, ni á ningún pillo.

Augusta.

Has dicho que la deuda es sagrada...

Orozco.

Y lo repito. Y añado que esa obligación pendiente pesa sobre mi conciencia, y que no estaré tranquilo hasta que de ella no me descargue.

Augusta.

¡La conciencia! Grandes y bellas cosas ha hecho la humanidad en su nombre; pero también, también hay que poner tonterías muy gordas en el haber de los espíritus menguados, de esos que adoran la letra de la ley... Explícate. ¿Quieres decir que alivias tu conciencia pagando?...

Orozco.