Malibrán.
Pues no sé qué te diga. Déjame proseguir mis estudios y mis... diligencias. Ahora... (bajando la voz) la estoy acechando en sus salidas de casa, y créelo, le deshago el tapadijo; créelo como ésta es noche.
Villalonga.
Estás trastornado, Cornelio.
Malibrán.
Chico, cuestión de amor propio. Todas las pasiones son eso y nada más que eso. Llámalo el diablo. Tal como están hoy las sociedades, con las religiones abatidas y la moral llena de distingos, el amor propio nos gobierna. ¿Ves á Orozco, á quien todos llaman la mejor persona del mundo? Pues es que se ha impuesto ese papel, y lo sostiene por algo que se asemeja á la vanidad del artista. Si estuviéramos en época en que la santidad fuera moda, ese se haría canonizar por pintarla, y extremaría sus actos benéficos hasta el sacrificio y la mortificación, todo por orgullo, por el culto del arrastrado Yo. Ley primaria del mundo es el amor propio. Todos hacemos un altar donde nos ponemos á nosotros mismos, y nos adoramos con un dogma cualquiera. Mi dogma es vencer en empeños amorosos.
Villalonga.
Vencerás. Así tuviera yo tan seguros el cielo y mi canonjía del Senado. Por cierto que el empeño de meter á Orozco en la combinación me ha hecho bajar un puesto en la lista.
Malibrán.
Tontería. ¡Si Tomás no lo desea!