Con mal disimulado despecho, Rosalía no pudo menos de exclamar:

«Eso es... siempre tan brutote... Abur, hijo, que te vaya bien: expresiones en llegando».

VI

Caballero dio un paso hacia la puerta. Pero en aquel instante entraron los dos niños pequeños de Rosalía, que venían del colegio. Corrieron ambos a abrazar a su mamá y después a Amparo.

«Un besito al primo».

—Ven acá, mona—dijo Caballero, que tenía pasión por los niños.

—La merienda, mamá—clamaron los dos a un tiempo.

—La merienda, mamá—repitió Caballero, tomando a cada uno de una mano y saliendo con ellos hacia el comedor.

Isabelita, cubierta la cabeza con una toquilla roja, calzados los pies de zapatillas bordadas, andaba a saltos, colgándose del brazo de Agustín. El pequeño, fajado en una especie de carrik que le arrastraba, con la cara mocosa y enrojecida por el frío, andaba como un viejo, haciéndose el cojo y el jorobado. Pero de repente daba unos brincos tales y tan fuertes estirones al brazo de su tío, que este no podía menos de quejarse.

«Juicio, muchachos, juicio».