[8] Sintiéndose inspirado, y lanzándose sin miedo á la improvisación.
[9] En todos los grupos se comenta favorablemente el discurso, en algunos con calor y entusiasmo. Óyense aquí y allí alabanzas ardientes: «Qué tío más largo. Él será rudo, ¡pero qué juicio tan sagaz, qué sentido práctico!»
[10] El orador conoce al instante su error; pero lo enmienda en seguida, muy terne.
[11] Comentarios de entusiasmo en la concurrencia. «¡Pero qué tuno es! Sabe más que Lepe... ¡Qué gramática parda!»
[12] En el grupo de los críticos, á veces se ríen con descaro, á veces disimulan su hilaridad, aplaudiendo estrepitosamente, en solfa. Morentín: «Pues tiene un no sé qué de elocuente este animal. Rebuzna oratoriamente.»
[13] El orador, sin dejar de hablar, dice para sí: «Voy muy bien. Paréceme que me estoy luciendo. ¡Qué siento que no me oiga Donoso!»
[14] En el grupo de los críticos. Morentín: «¿Pero han visto ustedes un ganso más delicioso?»—Juan de Madrid: «Lo que veo es que es un guasón de primera.»—Zárate: «Como que nos está tomando el pelo á todos los que estamos aquí.»
[15] Sofocadas risas en el grupo de los críticos.
[16] Prepárase el orador á soltar la frase bonita aprendida días antes, y en cuyo efecto confía, si acierta á decirla sin error de pronunciación.
[17] Parándose para recordar bien la frase antes de soltarla.