Y Quevedito, con sinceridad y buena fe, se adelantó á dar su opinión en esta forma: «Si no ha sido nada. Un enfriamiento..., poca cosa. Está bien, perfectamente bien. Por pura precaución no la he mandado levantarse.»
En la puerta de la alcoba matrimonial, Torquemada, frotándose las manos una contra otra con aire de satisfacción, calzado ya con elegantes zapatillas que acababan de traerle de la tienda, dió al ciego la bienvenida, para lo cual le vino de perillas la última frase bonita que había aprendido.
—¡Ah!—exclamó,—el bello ideal... ¡Al fin, Rafael... Toda la familia reunida..., el bello ideal...!
La Magdalena (Santander), Octubre de 1893.
FIN DE TORQUEMADA EN LA CRUZ
EDICIONES ESPAÑOLAS
PUBLICADAS EN INGLATERRA Y ESTADOS UNIDOS
Por concesión especial del autor se han hecho estas ediciones, para uso de los escolares ingleses en las cátedras de lengua española. Al texto español, escrupulosamente reproducido, siguen copiosas notas en inglés, que aclaran todos los puntos gramaticales obscuros, así como los modismos y locuciones provinciales.