Los dos amigos eran asiduos concurrentes á la ópera, y solían amenizar sus conversaciones con los cantos y romanzas de que tenían llena la cabeza; y á veces, cuando en el diálogo encajaba bien, soltaban algún recitativo. Por eso cuando el lúgubre dijo: Ha venido, el periodista cantó con afectación de sobresalto:
—¿L'incógnito amante della Rossina?
—Apunto quello,—contestó el otro.
—¡Qué contrariedad! ¿Pues no decían que ese hombre no vendría, que habia ya renunciado á sus proyectos de matrimonio? ¿No estaban, lo mismo Juanita que su madre, convencidas de que la familia de ese gaznápiro no podía consentir en semejante boda?
—Ahí verás. Él se ha escapado de su casa y dice que viene resuelto á dar su blanca mano. Ya sabes que la pécora de Doña Lorenza bebe los vientos por atraparle, porque parece ha de heredar cuando muera su tía, el título de Marqués de los Cuatro Vientos. Es rico: Doña Lorenza sabe de memoria el número de carneros, bueyes y asnos que posee en sus dehesas il tuo rivale, y está loca de contento. Si no casa á su hija con él, creo que revienta.
—¡Pero Juanita, Juanita!—exclamó el escritor, mirando al techo.—Juanita no puede ceder á las despóticas exigencias de esa tarasca de su madre.
—La ragazza te quiere; pero si su madre se emperra en que no, y que no ... Yo creo que de esta vez te quedas con tres palmos de narices. Cuando todas las contrariedades estaban allanadas, viene ese antiguo pretendiente, que si no agrada á la hija, agrada á la mamá, y esto basta. ¡Poverino!
—¡Quita allá!... yo no lo puedo creer. La chica se resistirá; ha jurado no tener más esposo que yo.
—Sí. Pero tanto la sermonean.... La madre es una rata de Iglesia; frecuentan su casa, como sabes, multitud de clérigos que, según dicen, le tienen trastornado el juicio. Le han llevado el cuento de que tú eres un revolucionario impío; que insultas á Dios y á la Virgen en tus artículos; que estás excomulgado, y que debes de tener rabo, como los judíos. Doña Lorenza, que oye siete misas al día y se confiesa dos veces por semana, te detesta como si fueras el mismo Judas. Ella infundirá este odio á su niña, haciéndole creer que eres descendiente de Caifás, y que se va á condenar si se casa contigo.
—¡Monstruoso, inconcebible!