«Haya paz, señores—dijo un Sustantivo Femenino llamado Filosofía, que con dueñescas tocas blancas apareció entre el tumulto. Mas en cuanto le vió otra palabra llamada Música, se echó sobre ella y empezó á mesarla los cabellos y á darle coces, cantando así:

—Miren la bellaca, la sandia, la loca; ¿pues no quiere llevarme encadenada con una Preposición, diciendo que yo tengo Filosofía? Yo no tengo sino Música, hermana. Déjeme en paz y púdrase de vieja en compañía de la Alemana que es otra vieja loca.

—Quita allá, bullanguera—dijo la Filosofía arrancándole a la Música el penacho ó acento que muy erguido sobre la u llevaba;—que allá, que para nada vales, ni sirves más que de pasatiempo pueril.

—Poco á poco, señoras mías—gritó un Sustantivo, alto, delgado, flaco y medio tísico, llamado el Sentimiento.—A ver, señora Filosofía si no me dice usted esas cosas á mi hermana tendremos que vernos las caras. Estése usted quieta y deje á Perico en su casa, porque todos tenemos trapitos que lavar, y si yo saco los suyos, ni con colada habrán de quedar limpios.

—Miren el mocoso—dijo la Razón que andaba por allí en paños menores y un poquillo desmelenada,—¿qué sería de esos badulaques sin mí? No reñir, y cada uno á su puesto, que si me incomodo....

—No ha de ser—dijo el Sustantivo Mal, que en todo había de meterse.

—¿Quién le ha dado á usted vela en este entierro, tío Mal? Váyase al Infierno, que ya está de más en el mundo.

—No, señoras; perdonen usías, que no estoy sino muy retebien. Un poco decaidillo andaba; pero después que tomé este lacayo, que ahora me sirve, me voy remediando.—Y mostró un lacayo, que era el Adjetivo Necesario.

—Quítenmela, que la mato—chillaba la Religión, que había venido á las manos con la Política;—quítenmela, que me ha usurpado el nombre para disimular en el mundo sus socaliñas y gatuperios.

—Basta de indirectas. ¡Orden!—dijo el Sustantivo Gobierno, que se presentó para poner paz en el asunto.