«¿Pero qué ha sido de la reserva? ¿Qué ha hecho [Gravina]?—preguntó mi amo.—Gravina se ha retirado con algunos navíos—contestó el inglés.

—De la vanguardia sólo han venido a auxiliarnos el Rayo y el Neptuno.

—Los cuatro franceses, Duguay-Trouin, Mont-Blanc, Scipion y Formidable, son los únicos que no han entrado en acción.

—Pero Gravina, Gravina, ¿qué es de Gravina?—insistió mi amo.

—Se ha retirado en el Príncipe de Asturias; mas como se le ha dado caza, ignoro si habrá llegado a Cádiz.

—¿Y el San Ildefonso?

—Ha sido apresado.—¿Y el Santa Ana?

—También ha sido apresado.—¡Vive Dios!—exclamó D. Alonso sin poder disimular su enojo—. Apuesto a que no ha sido apresado el Nepomuceno.

—También lo ha sido.—¡Oh!, ¿está usted seguro de ello? ¿Y Churruca?

—Ha muerto—contestó el inglés con tristeza.