[145] Sobre el seguir a Cristo Nuestro Señor. Punto tercero.

[146] Cap. I, vers. 2.

[147] Ojeada sobre la Filosofía y su historia. Números 387, 388 y 389, págs. 194-95.

[148] Stultus fias ut sis sapiens. San Pablo ad Cor., cap. III, vers. 20.

[149] Dice Cicerón, en su libro de la Naturaleza de los Dioses, que “entre las muchas cosas que aun no están bastante aclaradas en Filosofía, una de las más difíciles y obscuras es la cuestión de la naturaleza de los Dioses...”

“En esta cuestión, la mayor parte de los filósofos, inclinándose a lo más verosímil y siguiendo el instinto de la naturaleza (que a todos nos impulsa), afirmaron que existían Dioses. Protógoras dijo que lo dudaba, Diágoras, Melio y Teodoro de Cyrene absolutamente los negaron. Los que afirman la existencia de los Dioses ofrecen, entre sí, tanta variedad y disensión, que sería molesto enumerar los pareceres de todos.” (Libro I.)

[150] El orador Romano dice: “Es preciso creer que hay Dioses, porque tenemos innato el conocimiento de ellos. Y aquello en que toda la humanidad consiente, necesario es que sea verdadero... Hemos de confesar que existen Dioses; y como esta creencia no es sólo de los filósofos, sino también de los indoctos, hemos de confesar asimismo que tenemos esta anticipación o pronoción de los Dioses”. (Ibídem.)

[151] ¿Qué cosa eres comparado con todos los hombres juntos? Un átomo. ¿Qué son los hombres en comparación de los ángeles y de los santos? Poquísima cosa. ¿Qué son los ángeles y los santos comparados con Dios? Nada. Conque tú, comparado con el mismo Dios, ¿qué vendrás a ser? ¿Qué cosa eres si miras al cuerpo? Un puñado de tierra, un poco de inmundicia, una sentina hedionda, casa de miserias, orcina de dolores, pasto de gusanos. ¿Y si miras al alma? Es como una postema muy asquerosa, de donde corre podredumbre de vicios y pecados. (De los pecados propios. Punto tercero.)

En el orden de la naturaleza somos de nuestra parte un puro nada en el ser, nada en la duración, nada en el obrar. En el orden de la gracia, somos también nada, de nuestra parte. (Del propio conocimiento. Puntos primero y segundo.)

[152] Meditaciones sobre la vida, pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo, así como los demás misterios gloriosos que cita en la cuarta semana.