CÓMO EL GRAN MONTEZUMA NOS ENVIÓ OTROS EMBAJADORES CON UN PRESENTE DE ORO Y MANTAS, Y LO QUE DIJERON Á CORTÉS, Y LO QUE LES RESPONDIÓ.

Ya que estábamos de partida para ir nuestro camino á Méjico, vinieron ante Cortés cuatro principales mejicanos que envió Montezuma, y trujeron un presente de oro y mantas; y despues de hecho su acato, como lo tenian de costumbre, dijeron:

—«Malinche, este presente te envia nuestro señor el gran Montezuma, y dice que le pesa mucho por el trabajo que habeis pasado en venir de tan lejanas tierras á le ver, y que ya te ha enviado á decir otra vez que te dará mucho oro y plata y chalchihuis en tributo para vuestro Emperador y para vos y los demás teules que traeis, y que no vengas á Méjico. Ahora nuevamente te pide por merced que no pases de aquí adelante, sino que te vuelvas por donde veniste; que él te promete de te enviar al puerto mucha cantidad de oro y plata y ricas piedras para ese vuestro Rey, y para tí te dará cuatro cargas de oro, y para cada uno de tus hermanos una carga; porque ir á Méjico, es excusada tu entrada dentro, que todos sus vasallos están puestos en armas para no os dejar entrar.»

Y demás desto, que no tenia camino, sino muy angosto, ni bastimentos que comiésemos; y dijo otras muchas razones y inconvenientes para que no pasásemos de allí; é Cortés con mucho amor abrazó á los mensajeros, puesto que le pesó de la embajada, y recibió el presente que ya no se me acuerda qué tanto valía; é á lo que yo vi y entendí, jamás dejó de enviar Montezuma oro, poco ó mucho, cuando nos enviaba mensajeros como otra vez he dicho.

Y volviendo á nuestra relacion, Cortés les respondió que se maravillaba del señor Montezuma, habiéndose dado por nuestro amigo y siendo tan gran señor, tener tantas mudanzas, que unas veces dice uno y otras envia á mandar al contrario.

Y que en cuanto á lo que dice que dará el oro para nuestro señor el Emperador y para nosotros, que se lo tiene en merced, y por aquello que ahora le envia, que en buenas obras se lo pagará, el tiempo andando; y que si le parecerá bien que estando tan cerca de su ciudad, será bueno volvernos del camino sin hacer aquello que nuestro señor nos manda.

Que si el señor Montezuma hubiese enviado mensajeros y embajadores á algun gran señor, como él es, é ya que llegasen cerca de su casa aquellos mensajeros que enviaba se volviesen sin le hablar y decille á lo que iban, cuando volviesen ante su presencia con aquel recaudo, ¿qué merced les haria, sino tenellos por cobardes y de poca calidad?

Que así haria el Emperador nuestro señor con nosotros; y que de una manera ó otra que habiamos de entrar en su ciudad, y desde allí adelante que no le enviase más excusas sobre aquel caso, porque le ha de ver y hablar y dar razon de todo el recaudo á que hemos venido, y ha de ser á su sola persona; y cuando lo haya entendido, si no le pareciere bien nuestra estada en su ciudad, que nos volveremos por donde venimos.

É cuanto á lo que dice, que no tiene comida sino muy poco, é que no nos podremos sustentar, que somos hombres que con poca cosa que comemos nos pasamos, é que ya vamos á su ciudad, que haya por bien nuestra ida.

Y luego en despachando los mensajeros, comenzamos á caminar para Méjico; y como nos habian dicho y avisado los de Guaxocingo y los de Chalco que Montezuma habia tenido pláticas con sus ídolos y papas que si nos dejaria entrar en Méjico ó si nos daria guerra, y todos sus papas le respondieron que decia su Huichilóbos que nos dejase entrar, que allí nos podrá matar, segun dicho tengo otras veces en el capítulo que dello habla; y como somos hombres y tememos la muerte, no dejábamos de pensar en ello; y como aquella tierra es muy poblada, íbamos siempre caminando muy chicas jornadas, y encomendándonos á Dios y á su bendita Madre Nuestra Señora, y platicando cómo y de qué manera podiamos entrar, y pusimos en nuestros corazones con buena esperanza, que pues Nuestro Señor Jesucristo fué servido guardarnos de los peligros pasados, que tambien nos guardaria del poder de Méjico; y fuimos á dormir á un pueblo que se dice Istapalatengo, que es la mitad de las casas en el agua y la mitad en tierra firme, donde está una sierrezuela, y agora está una venta cabe él, y allí tuvimos bien de cenar.