Tambien donde hacen aquellos ricos plumajes que labran de plumas verdes, y las aves destas plumas es el cuerpo dellas á manera de las picazas que hay en nuestra España; llámanse en esta tierra quezales; y otros pájaros que tienen la pluma de cinco colores, que es verde, colorado, blanco, amarillo y azul; estos no se cómo se llaman. Pues papagayos de otras diferenciadas colores tenia tantos, que no se me acuerda los nombres dellos.
Dejemos patos de buena pluma y otros mayores que les querian parecer, y de todas estas aves pelábanles las plumas en tiempos que para ello era convenible, y tornaban á pelechar; y todas las más aves que dicho tengo, criaban en aquella casa, y al tiempo de encoclar tenian cargo de les echar sus huevos ciertos indios é indias que miraban por todas las aves, é de limpiarles sus nidos y darles de comer, y esto á cada género é ralea de aves lo que era su mantenimiento.
Y en aquella casa habia un estanque grande de agua dulce, y tenia en él otra manera de aves muy altas de zancas y colorado todo el cuerpo y alas y cola; no sé el nombre dellas, mas en la isla de Cuba las llamaban ipíris á otras como ellas. Y tambien en aquel estanque habia otras raleas de aves que siempre estaban en el agua.
Dejemos esto, y vamos á otra gran casa donde tenian muchos ídolos, y decian que eran sus dioses bravos, y con ellos muchos géneros de animales, de tigres y leones de dos maneras; unos que son de hechura de lobos, que en esta tierra se llaman adives, y zorros y otras alimañas chicas; y todas estas carniceras se las mantenian con carne, y las más dellas criaban en aquella casa, y les daban de comer venados, gallinas, perrillos y otras cosas que cazaban, y aun oí decir que cuerpos de indios de los que sacrificaban.
Y es desta manera que ya me habrán oido decir: que cuando sacrificaban á algun triste indio, que le aserraban con unos navajones de pedernal por los pechos, y bullendo le sacaban el corazon y sangre, y lo presentaban á sus ídolos, en cuyo nombre hacian aquel sacrificio; y luego les cortaban los muslos y brazos y la cabeza, y aquello comian en fiestas y banquetes; y la cabeza colgaban de unas vigas, y el cuerpo del indio sacrificado no llegaban á él para le comer, sino dábanlo á aquellos bravos animales; pues más tenian en aquella maldita casa muchas víboras y culebras emponzoñadas, que traen en las colas unos que suenan como cascabeles; estas son las peores víboras que hay de todas, y teníanlas en cunas, tinajas y en cántaros grandes, y en ellos mucha pluma, y allí tenian sus huevos y criaban sus viboreznos, y les daban á comer de los cuerpos de los indios que sacrificaban y otras carnes de perros de los que ellos solian criar.
Y aun tuvimos por cierto que cuando nos echaron de Méjico y nos mataron sobre ochocientos y cincuenta de nuestros soldados é de los de Narvaez, que de los muertos mantuvieron muchos dias á aquellas fuertes alimañas y culebras, segun diré en su tiempo y sazon: y aquestas culebras y bestias tenian ofrecidas á aquellos sus ídolos bravos para que estuviesen en su compañía.
Digamos ahora las cosas infernales que hacian cuando bramaban los tigres y leones y aullaban los adives y zorros y silbaban las sierpes; era grima oirlo, y parecia infierno.
Pasemos adelante, y digamos de los grandes oficiales que tenia de cada género de oficio que entre ellos se usaba; y comencemos por los lapidarios y plateros de oro y plata y todo vaciadizo, que en nuestra España los grandes plateros tienen que mirar en ello; y destos tenia tantos y tan primos en un pueblo que se dice Escapuzalco, una legua de Méjico; pues labrar piedras finas y chalchihuis, que son como esmeraldas, otros muchos grandes maestros.
Vamos adelante á los grandes oficiales de asentar de pluma y pintores y entalladores muy sublimados, que por lo que ahora hemos visto la obra que hacen, ternemos consideracion en lo que entónces labraban, que tres indios hay en la ciudad de Méjico, tan primos en su oficio de entalladores y pintores, que se dicen Márcos de Aquino y Juan de la Cruz y el Crespillo, que si fueran en tiempo de aquel antiguo é afamado Apéles, y de Miguel Ángel ó Berruguete, que son de nuestros tiempos, les pusieran en el número dellos.
Pasemos adelante, y vamos á las indias de tejederas y labranderas, que le hacian tanta multitud de ropa fina con muy grandes labores de plumas; y de donde más cotidianamente le traian, era de unos pueblos y provincia que está en la costa del Norte de cabe la Vera-Cruz, que la decian Costacan, muy cerca de San Juan de Ulúa, donde desembarcamos cuando veniamos con Cortés; y en su casa del mismo Montezuma todas las hijas de señores que tenia por amigas, siempre tejian cosas muy primas, é otras muchas hijas de mejicanos vecinos, que estaban como á manera de recogimiento, que querian parecer monjas, tambien tejian, y todo de pluma.