Dejamos de decir de penachos y plumas y otras muchas cosas ricas, que es para nunca acabar de traerlo aquí á la memoria; digamos agora cómo se marcó todo el oro que dicho tengo con una marca de hierro que mandó hacer Cortés, y los oficiales del Rey prohibidos por Cortés, y de acuerdo de todos nosotros, en nombre de su majestad, hasta que otra cosa mandase; y la marca fué las armas Reales como de un real y del tamaño de un toston de á cuatro, y esto sin las joyas ricas que nos pareció que no eran para deshacer; pues para pesar todas estas barras de oro y plata y las joyas que quedaron por deshacer no teniamos pesas de marcos ni balanza, y pareció á Cortés y á los mismos oficiales de la hacienda de su Majestad que seria bien hacer de hierro unas pesas de hasta una arroba, y otras de media arroba, y de dos libras, y de una libra, y de media libra y de cuatro onzas; y esto no para que viniese muy justo, sino media onza más ó ménos en cada peso que pesaba y de cuanto pesó.
Y dijeron los oficiales del Rey que habia en el oro, así en lo que estaba hecho arrobas como en los granos de las minas y en los tejuelos y joyas, más de seiscientos mil pesos, sin la plata é otras muchas joyas que se dejaron de avaluar; y algunos soldados decian que habia más.
Y como ya no habia que hacer en ello sino sacar el real quinto y dar á cada capitan y soldado nuestras partes, é á los que quedaban en el puerto de la Villa-Rica tambien las suyas, parece ser Cortés procuraba de no lo repartir tan presto, hasta que tuviese más oro é hubiese buenas pesas y razon y cuenta de á cómo salian; y todos los más soldados y capitanes dijimos que luego se repartiese, porque habiamos visto que cuando se deshacian las piezas del tesoro de Montezuma estaba en los montones que he dicho mucho más oro, y que faltaba la tercia parte dello, que lo tomaban y escondian, así por la parte de Cortés como de los capitanes y otros que no se sabia, y se iba menoscabando; é á poder de muchas pláticas se pesó lo que quedaba, y hallaron sobre seiscientos mil pesos, sin las joyas y tejuelos, y para otro dia habian de dar las partes.
É diré cómo lo repartieron, é todo lo más se quedó con ello el capitan Cortés é otras personas, y lo que sobre ello se hizo diré adelante.
CAPÍTULO CV.
CÓMO SE REPARTIÓ EL ORO QUE HUBIMOS, ASÍ DE LO QUE DIÓ EL GRAN MONTEZUMA COMO DE LO QUE SE RECOGIÓ DE LOS PUEBLOS, Y DE LO QUE SOBRE ELLO ACAECIÓ Á UN SOLDADO.
Lo primero se sacó el real quinto, y luego Cortés dijo que le sacasen á él otro quinto como á su majestad, pues se lo prometimos en el arenal cuando le alzamos por capitan general y justicia mayor, como ya lo he dicho en el capítulo que dello habla.
Luego tras esto dijo que habia hecho cierta costa en la isla de Cuba que gastó en el armada, que lo sacasen de monton; y demás desto, que se apartase del mismo monte la costa que habia hecho Diego Velazquez en los navíos que dimos al través con ellos, pues todos fuimos en ellos; y tras esto, para los procuradores que fueron á Castilla.
Y demás desto, para los que quedaron en la Villa-Rica, que eran setenta vecinos, y para el caballo que se le murió y para la yegua de Juan Sedeño, que mataron en lo de Tlascala de una cuchillada; pues para el padre de la Merced y el clérigo Juan Diaz y los capitanes y los que traian caballos, dobles partes, escopeteros y ballesteros por el consiguiente, é otras sacaliñas; de manera que quedaba muy poco de parte, y por ser tan poco muchos soldados hubo que no lo quisieron recebir; y con todo se quedaba Cortés, pues en aquel tiempo no podiamos hacer otra cosa sino callar, porque demandar justicia sobre ello era por demás; é otros soldados hubo que tomaron sus partes á cien pesos, y daban voces por lo demás; y Cortés secretamente daba á unos y á otros por via que les hacia merced por contentallos, y con buenas palabras que les decia sufrian.
Pues vamos á las partes que daban á los de la Villa-Rica, que se lo mandó llevar á Tlascala para que allí se lo guardase; y como ello fué mal repartido, en tal paró todo, como adelante diré en su tiempo.