Lo que Cortés le dijo á Martin Lopez sobre ello no lo sé; y esto digo porque dice el coronista Gómora en su historia que le mandó que hiciese muestras, como cosa de burla, que los labraba, porque lo supiese el gran Montezuma: remítome á lo que ellos dijeron, que gracias á Dios son vivos en este tiempo; mas muy secretamente me dijo el Martin Lopez que de hecho y apriesa los labraba; y así, los dejó en astillero tres navíos.
Dejémoslos labrándolos, y digamos cuáles andábamos todos en aquella gran ciudad tan pensativos, temiendo que de una hora á otra nos habian de dar guerra en nuestras caborias de Tlascala; é doña Marina así lo decia al capitan, y el Orteguilla, el paje del Montezuma, siempre estaba llorando, y todos nosotros muy á punto, y buenas guardas al Montezuma.
Digo, de nosotros estar á punto no habia necesidad de decillo tantas veces, porque de dia y de noche no se nos quitaban las armas, gorjales y antiparas, y con ello dormiamos.
Y dirán ahora dónde dormiamos, de qué eran nuestras camas, sino un poco de paja y una estera, y el que tenia un toldillo, ponelle debajo y calzados y armados, y todo género de armas muy á punto, y los caballos enfrenados y ensillados todo el dia; y todos tan prestos, que en tocando el arma como si estuviéremos puestos é aguardando para aquel punto; pues de velar cada noche, no quedaba soldado que no velaba.
Y otra cosa digo, y no por me jactanciar dello, que quedé yo tan acostumbrado de andar armado y dormir de la manera que he dicho, que despues de conquistada la Nueva-España tenia por costumbre de me acostar vestido y sin cama, é que dormia mejor que en colchones duermo; é ahora cuando voy á los pueblos de mi encomienda no llevo cama, é si alguna vez la llevo no es por mi voluntad, sino por algunos caballeros que se hallan presentes, porque no vean que por falta de buena cama la dejo de llevar; mas en verdad que me echo vestido en ella.
Y otra cosa digo, que no puedo dormir sino un rato de la noche, que me tengo de levantar á ver el cielo y estrellas, y me he de pasear un rato al sereno, y esto sin poner en la cabeza el bonete ni paño ni cosa ninguna, y gracias á Dios no me hace mal, por la costumbre que tenia; y esto he dicho porque sepan de qué arte andamos los verdaderos conquistadores, y cómo estábamos tan acostumbrados á las armas y velar.
Y dejemos de hablar en ello, pues que salgo fuera de nuestra relacion, y digamos cómo nuestro Señor Jesucristo siempre nos hace muchas mercedes. Y es, que en la isla de Cuba Diego Velazquez dió mucha priesa en su armada, como adelante diré, y vino en aquel instante á la Nueva-España un capitan que se decia Pánfilo de Narvaez.
CAPÍTULO CIX.
CÓMO DIEGO VELAZQUEZ, GOBERNADOR DE CUBA, DIÓ MUY GRAN PRIESA EN ENVIAR SU ARMADA CONTRA NOSOTROS, Y EN ELLA POR CAPITAN GENERAL Á PÁNFILO DE NARVAEZ, Y CÓMO VINO EN SU COMPAÑÍA EL LICENCIADO LÚCAS VELAZQUEZ DE AILLON, OIDOR DE LA REAL AUDIENCIA DE SANTO DOMINGO, Y LO QUE SOBRE ELLO SE HIZO.
Volvamos ahora á decir algo atrás de nuestra relacion, para que bien se entienda lo que ahora diré.