É como el Sandoval oyó aquellas palabras y descomedimientos que el padre Guevara dijo, se estaba carcomiendo de pesar de lo que oia, y le dijo:
—«Señor padre, muy mal hablais en decir esas palabras de traidores; aquí somos mejores servidores de su majestad que no Diego Velazquez ni ese vuestro capitan; y porque sois clérigo no os castigo conforme á vuestra mala crianza. Andad con Dios á Méjico, que allá está Cortés, que es capitan general y justicia mayor de esta Nueva-España, y os responderá; aquí no teneis más que hablar.»
Entónces el clérigo muy bravoso dijo á su escribano que con él venia, que se decia Vergara, que luego sacase las provisiones que traia en el seno y las notificase al Sandoval y á los vecinos que con él estaban; y dijo Sandoval al escribano que no leyese ningunos papeles, que no sabia si eran provisiones ó otras escrituras; y de plática en plática, ya el escribano comenzaba á sacar del seno las escrituras que traia, y el Sandoval le dijo:
—«Mirad, Vergara, ya os he dicho que no leais ningunos papeles aquí, sino id á Méjico; yo os prometo que si tal leyéredes, que yo os haga dar cien azotes, porque ni sabemos si sois escribano del Rey ó no; amostrad el título dello, y si le traeis, leeldo; y tampoco sabemos si son originales de las provisiones ó traslados ó otros papeles.»
Y el clérigo, que era muy soberbio, dijo muy enojado:
—«¿Qué haceis con estos traidores? Sacad esas provisiones y notificádselas.»
Y como el Sandoval oyó aquella palabra, le dijo que mentia como ruin clérigo, y luego mandó á sus soldados que los llevasen presos á Méjico; y no lo hubo bien dicho, cuando en jamaquillas de redes, como ánimas pecadoras los arrebataron muchos indios de los que trabajaban en la fortaleza, que los llevaron á cuestas, y en cuatro dias dan con ellos cerca de Méjico, que de noche y de dia con indios de remuda caminaban; é iban espantados de que veian tantas ciudades y pueblos grandes que les traian de comer, y unos los dejaban y otros los tomaban, y andar por su camino.
Dicen que iban pensando si era encantamiento ó sueño; y el Sandoval envió con ellos por alguacil, hasta que llegase á Méjico, á Pedro de Solís, el yerno que fué de Orduña, que ahora llaman Solís de Atrás-de-la-puerta.
Y así como los envió presos, escribió muy en posta á Cortés quién era el capitan de la armada y todo lo acaecido; y como Cortés lo supo que venian presos y llegaban cerca de Méjico, envióles gran banquete, é cabalgaduras para los tres más principales, y mandó que luego los soltasen de la prision, y les escribió que le pesó de que Gonzalo de Sandoval tal desacato tuviese, é que quisiera que les hiciera mucha honra; y como llegaron á Méjico los salió á recibir, y los metió en la ciudad muy honradamente; y como el Clérigo y los demás sus compañeros vieron á Méjico ser tan grandísima ciudad, y la riqueza de oro que teniamos, é otras muchas ciudades en el agua de la laguna, é todos nuestros capitanes é soldados, y la gran franqueza de Cortés, estaban admirados; y á cabo de dos dias que estuvieron con nosotros, Cortés les habló de la tal manera con prometimientos y halagos, y aun les untó las manos de tejuelos y joyas de oro, y los tornó á enviar á su Narvaez con bastimento que les dió para el camino; que donde venian muy bravosos leones, volvieron muy mansos y se le ofrecieron por servidores.
Y así como llegaron á Cempoal á dar relacion á su capitan, comenzaron á convocar todo el real de Narvaez que se pasasen con nosotros.