—«Lopelucio, lopelucio, recibe esto de buena voluntad;» é que si más tuviera, que se lo diera.

Ya he dicho que en lengua totonaque dijeron señor y gran señor, cuando dicen lopelucio, etc.

Y Cortés le dijo con doña Marina é Aguilar que él se lo pagaria en buenas obras, é que lo que hubiese menester, que se lo dijese, que lo haria por ellos; porque somos vasallos de un tan gran señor, que es el Emperador D. Cárlos, que manda muchos reinos y señoríos, y que nos envia para deshacer agravios y castigar á los malos, y mandar que no sacrificasen más ánimas; y se les dió á entender otras muchas cosas tocantes á nuestra santa fe.

Y luego como aquello oyó el cacique gordo, dando suspiros, se quejó reciamente del gran Montezuma y de sus gobernadores, diciendo que de poco tiempo acá le habia sojuzgado, y que le habia llevado todas sus joyas de oro, y les tiene tan apremiados, que no osan hacer sino lo que les manda, porque es señor de grandes ciudades, tierras é vasallos y ejércitos de guerra.

Y como Cortés entendió que de aquellas quejas que daban al presente no podian entender en ello, les dijo que él haria de manera que fuesen desagraviados; y porque él iba á ver sus acales (que en lengua de indios así llaman á los navíos), é hacer su estada é asiento en el pueblo de Quiahuistlan, que desque allí esté de asiento se verán más de espacio; y el cacique gordo le respondió muy concertadamente.

Y otro dia de mañana salimos de Cempoal, y tenia aparejados sobre cuatrocientos indios de carga, que en aquellas partes llaman tamemes, que llevan dos arrobas de peso á cuestas y caminan con ellas cinco leguas; y desque vimos tanto indio para carga nos holgamos, porque de ántes siempre traiamos á cuestas nuestras mochilas los que no traian indios de Cuba, porque no pasaron en la armada sino cinco ó seis, y no tantos como dice el Gómora.

Y doña Marina é Aguilar nos dijeron, que en aquestas tierras, que cuando están de paz, sin demandar quien lleve la carga, los caciques son obligados de dar de aquellos tamemes; y desde allí adelante, donde quiera que íbamos demandábamos indios para las cargas.

Y despedido Cortés del cacique gordo, otro dia caminamos nuestro camino, y fuimos á dormir á un pueblezuelo cerca de Quiahuistlan, y estaba despoblado, y los de Cempoal trujeron de cenar.

Aquí es donde dice el coronista Gómora que estuvo Cortés muchos dias en Cempoal, é que se concertó la rebelion é liga contra Montezuma: no le informaron bien; porque, como he dicho, otro dia por la mañana salimos de allí, y donde se concertó la rebelion y por qué causa adelante lo diré.

É quédese así, é digamos cómo entramos en Quiahuistlan.