Y como amaneció, y los caciques de aquel pueblo y el cacique gordo hallaron ménos los dos prisioneros, querian muy de hecho sacrificar los otros que quedaban, si Cortés no se los quitara de su poder, é hizo del enojado porque se habian huido los otros dos; y mandó traer una cadena del navío y echólos en ella, y luego los mandó llevar á los navíos, é dijo que él los queria guardar, pues tan mal cobro pusieron de los demás; y cuando los hubieron llevado les mandó quitar las cadenas, é con buenas palabras les dijo que presto les enviaria á Méjico.
Dejémoslo así, que luego que esto fué hecho todos los caciques de Cempoal y de aquel pueblo é de otros que se habian allí juntado de la lengua totonaque, dijeron á Cortés que qué harian, pues que Montezuma sabria la prision de sus recaudadores, que ciertamente vendrian sobre ellos los poderes de Méjico del gran Montezuma, y que no podrian escapar de ser muertos y destruidos.
Y dijo Cortés con semblante muy alegre, que él y sus hermanos que allí estábamos los defenderiamos, y matariamos á quien enojar los quisiese.
Entónces prometieron todos aquellos pueblos y caciques á una que serian con nosotros en todo lo que les quisiésemos mandar, y juntarian todos sus poderes contra Montezuma y todos sus aliados.
Y aquí dieron la obediencia á su majestad por ante un Diego de Godoy el escribano, y todo lo que pasó lo enviaron á decir á los más pueblos de aquella provincia; é como ya no daban tributo ninguno, é los recojedores no parecian, no cabian de gozo en haber quitado aquel dominio.
Y dejemos esto, y diré cómo acordamos de nos bajar á lo llano á unos prados, donde comenzamos á hacer una fortaleza. Esto es lo que pasa, y no la relacion que sobre ello dieron al coronista Gómora.
CAPÍTULO XLVIII.
CÓMO ACORDAMOS DE POBLAR LA VILLA RICA DE LA VERACRUZ, Y DE HACER UNA FORTALEZA EN UNOS PRADOS JUNTO Á UNAS SALINAS Y CERCA DEL PUERTO DEL NOMBRE-FEO, DONDE ESTABAN ANCLADOS NUESTROS NAVÍOS, Y LO QUE ALLÍ SE HIZO.
Despues que hubimos hecho liga y amistad con más de treinta pueblos de las sierras, que se decian los totonaques, que entónces se rebelaron al gran Montezuma y dieron la obediencia á su majestad, y se prefirieron á nos servir, con aquella ayuda tan presta acordamos de poblar é de fundar la villa rica de la Veracruz en unos llanos media legua del pueblo, que estaba como fortaleza, que se dice Quiahuistlan, y traza de iglesia y plaza y atarazanas, y todas las cosas que convenian para parecer villa, é hicimos una fortaleza, y desde entónces los cimientos; y en acaballa de tener alta para enmaderar; y hechas troneras y cubos y barbacanas, dimos tanta priesa, que desde Cortés comenzó el primero á sacar tierra á cuestas y piedra é ahondar los cimientos, como todos los capitanes y soldados, y á la continua entendimos en ello y trabajamos por la acabar de presto, los unos en los cimientos y otros en hacer las tapias, y otros en acarrear agua y en las escaleras, en hacer ladrillos y tejas y buscar comida, y otros en la madera, y los herreros en la clavazon, porque teniamos herreros; y desta manera trabajábamos en ello á la contina desde el mayor hasta el menor, y los indios que nos ayudaban, de manera que ya estaba hecha iglesia y casas, é casi que la fortaleza.
Estando en esto, parece ser que el gran Montezuma tuvo noticia en Méjico cómo le habian preso sus recaudadores é que le habian quitado la obediencia, y cómo estaban rebelados los pueblos totonaques; mostró tener mucho enojo de Cortés y de todos nosotros, y tenia ya mandado á un su gran ejército de guerreros que viniesen á dar guerra á los pueblos que se le rebelaron y que no quedase ninguno dellos á vida; é para contra nosotros aparejaba de venir con gran ejército y pujanza de capitanes; y en aquel instante van los dos indios prisioneros que Cortés mandó soltar, segun he dicho en el capítulo pasado, y cuando Montezuma entendió que Cortés les quitó de las prisiones y los envió á Méjico, y las palabras de ofrecimientos que les envió á decir, quiso Nuestro Señor Dios que amansó su ira é acordó de enviar á saber de nosotros qué voluntad teniamos, y para ello envió dos mancebos sobrinos suyos, con cuatro viejos, grandes caciques, que los traian á cargo, y con ellos envió un presente de oro y mantas, é á dar las gracias á Cortés porque les soltó á sus criados; y por otra parte se envió á quejar mucho, diciendo que con nuestro favor se habian atrevido aquellos pueblos de hacelle tan gran traicion é que no le diesen tributo é quitalle la obediencia; é que ahora, teniendo respeto á que tiene por cierto que somos los que sus antepasados les habian dicho que habian de venir á sus tierras, é que debemos de ser de sus linajes, é porque estábamos en casa de los traidores, no les envió luego á destruir; mas que el tiempo andando no se alabaran de aquellas traiciones.