Volvamos á ir nuestro camino con gran concierto, por temor que los mejicanos, viendo ahorcar á su señor, no se alzasen; mas traian tanta mala ventura de hambre y dolencia, que no se les acordaba dello; y despues que los hubieron ahorcado, segun dicho tengo, luego fuimos camino de otro pueblezuelo, y ántes de entrar en él pasamos un rio bien hondable en barcas, y hallamos el pueblo sin gente, que aquel dia se habian ido, é buscamos de comer por las estancias, é hallamos ocho indios que eran Sacerdotes de ídolos, y de buena voluntad se vinieron á su pueblo con nosotros, é Cortés les habló con doña Marina para que llamasen sus vecinos, y que no hubiesen miedo y que trujesen de comer; y ellos dijeron á Cortés que le rogaban que mandase que no les llegasen á unos ídolos que estaban junto á la casa donde Cortés posaba, é que le traerian comida y harian lo que pudiesen; y Cortés dijo que él haria lo que decian, é que no llegarian á cosa ninguna; mas que para qué querian aquellas cosas de ídolos, que son de barro y de maderos viejos, y que eran cosas malas, que les engañaban; y tales cosas les predicó con los frailes y doña Marina, que respondieron muy bien á lo que les decian, que los dejarian, y trajeron veinte cargas de maíz y unas gallinas; y Cortés se informó dellos que si sabian qué tantos soles de allí habia hombres con barbas como nosotros, y caballos; y dijeron que siete soles, que se decia el pueblo donde estaban los de á caballo Nito, y que ellos irian por guias hasta otro pueblo, y que habiamos de dormir una noche en despoblado ántes de llegar á él; y Cortés les mandó hacer una cruz en un árbol muy grande, que se dice ceiba, que está junto á las casas adonde tenian los ídolos.
Tambien quiero decir que, como Cortés andaba mal dispuesto, y aun muy pensativo y descontento del trabajoso camino que llevábamos, é como habia mandado ahorcar á Guatemuz é su primo el señor de Tacuba sin tener justicia para ello, é habia cada dia hambre, é que adolescian españoles é morian muchos mejicanos, pareció ser que de noche no reposaba de pensar en ello, y salíase de la cama donde dormia á pasear en una sala adonde habia ídolos, que era aposento principal de aquel pueblezuelo, adonde tenian otros ídolos, y descuidóse y cayó más de dos estados abajo y se descalabró la cabeza, y calló, que no dijo cosa buena ni mala sobre ello, salvo curarse la descalabradura, y todo se lo pasaba y sufria.
É otro dia muy de mañana proseguimos á caminar con nuestras guias, y sin acontecer cosa que de contar sea, fuimos á dormir cabe un estero y cerca de unos montes muy altos; é otro dia fuimos por nuestro camino, é á hora de Misa mayor llegamos á un pueblo nuevo, y en aquel dia se habia despoblado y metido en unas ciénagas, y eran nuevamente hechas las casas y de pocos dias, y tenian en el pueblo hechas albarradas de maderos gruesos, y todo cercado de otros maderos muy recios, y hechas caras hondas ántes de la entrada en él, y dentro dos cercas, la una como barbacana, y con sus cubos y troneras; y tenian á otra parte por cerca unas peñas muy altas, llenas de piedras hechizas á mano, con grandes mamparos; y por otra parte una gran ciénaga, que era fortaleza.
Pues desque hubimos entrado en las casas hallamos tantos gallos de papada y gallinas cocidas, como los indios las comen, con sus ajíes y pan de maíz, que se dice entre ellos tamales, que por una parte nos admirábamos de cosa tan nueva, y por otra nos alegrábamos con la mucha comida, y dió que pensar en tan nuevo caso; y tambien hallamos una gran casa llena de lanzas chicas y arcos y flechas, y buscamos por los rededores de aquel pueblo si habia maizales y gente, y no habia ninguna, ni aun grano de maíz.
Estando desta manera, vinieron hasta quince indios que salieron de las ciénagas, que eran principales de aquel pueblo, y pusieron las manos en el suelo y besaron la tierra, y dicen á Cortés medio llorando que le piden por merced que aquel pueblo ni cosa alguna no se la quemen, porque son nuevamente venidos allí á hacerse fuertes por causa de sus enemigos, que me parece que dijeron que se decian lacandones, porque les han quemado y destruido dos pueblos en tierra llana, adonde vivian, y les han robado y muerto mucha gente; los cuales pueblos habiamos de ver abrasados adelante por el camino adonde habiamos de ir, que están en tierra muy llana; y allí dieron cuenta cómo y de qué manera les daban guerra; y la causa porque eran sus enemigos; é Cortés les preguntó que cómo tenian tanto gallo y gallinas á cocer; y dijeron que por horas aguardaban á sus enemigos, que les habian de venir á dar guerra, é que si les vencian, les habian de tomar sus haciendas y gallos y llevalles cautivos; que porque no lo hubiesen ni gozasen se lo querian ántes comer; y que si ellos les desbarataban á los enemigos, que irian á sus pueblos y les tomarian sus haciendas; y Cortés dijo que le pesaba dello y de su guerra, y por ir de camino no lo podia remediar.
Llamábase aquel pueblo, y otras grandes poblaciones por donde otro dia pasamos, los Mazatecas, que quiere decir en su lengua los pueblos ó tierras de venados; y tuvieron razon de ponelles aquel nombre, por lo que adelante diré.
Y desde allí fueron con nosotros dos indios dellos, y nos fueron mostrando sus poblaciones quemadas, y dieron relacion á Cortés cómo estaban los españoles adelante.
Y dejallo he aquí, y diré cómo otro dia salimos de aquel pueblo, y lo que más hubo en el camino.
CAPÍTULO CLXXVIII.
CÓMO SEGUIMOS NUESTRO VIAJE, Y LO QUE EN ELLO NOS AVINO.