Pues para elegir á las personas que habian de ir con los poderes, ansí para que procurasen por ellos como para cosas que convenian á aquella ciudad y Nueva-España, y á la gobernacion della, mandaron que nos juntásemos en la iglesia mayor todos los procuradores que teniamos poder de las ciudades é villas, que en aquella sazon nos hallamos en Méjico, y con nosotros juntamente algunos conquistadores, personas de cuenta, y por nuestros votos quisieron que eligiéramos para que fuese procurador á Castilla al factor Salazar; porque, como ya he dicho otras veces, puesto que el Nuño de Guzman y el Matienzo y Delgadillo hacian algunos desatinos, ya atrás por mí memorados, por otra parte eran tan buenos para todos los conquistadores y pobladores, que nos daban de los indios que vacaban; y con esta confianza creyeron que votáramos por el factor, que era la persona que ellos querian enviar en nombre.
Pues como nos hubimos juntado en la iglesia mayor de aquella ciudad, como nos fué mandado, eran tantas las voces y tabaola y behetría que daban muchas personas de las que no eran llamadas para aquel efeto, que se entraron por fuerza en la iglesia, que, aunque les mandábamos salir fuera della, no querian ni aun callar; en fin, como cosa de comunidad daban voces; y como aquello vimos, fuimos á decir al presidente é oidores que para otro dia lo dejábamos, y que en casa del mismo presidente, donde hacian la Real audiencia, eligiriamos á quien viésemos que convenia; y despues nos pareció que solamente querian nombrar personas amigas del Nuño de Guzman y Delgadillo y Matienzo; y acordamos se eligiese una persona por parte de los mismos oidores y otra por la parte de Cortés; y fueron nombrados, á Bernardino Vazquez de Tapia por la parte de Cortés, y por la parte de los oidores á un Antonio de Carvajal, que fué capitan de bergantines; mas, á lo que entónces á mí me pareció, ansí el Bernardino Vazquez de Tapia como el Carvajal eran aficionados á las cosas de Nuño de Guzman mucho más que á las de Cortés, y tenian razon, porque ciertamente nos hacian más bien y cumplian algo de lo que su majestad mandaba en dar indios que no Cortés, puesto que los pudiera dar muy mejor que todos en el tiempo que tuvo el mando; mas, como somos tan leales los españoles, por haber sido Cortés nuestro capitan le teniamos aficion, más que él tuvo voluntad de nos hacer bien, habiéndoselo mandado su majestad, pudiendo cuando era gobernador.
Pues ya elegidos, sobre los capítulos que habian de llevar hubo otras contiendas; porque decian el presidente é oidores que era cumplidero al servicio de Dios y de su majestad, y con parecer de todos los procuradores, que no volviese Cortés á la Nueva-España, porque estando en ella siempre habria bandos y revueltas, y quedando en ella no habria buena gobernacion, y por ventura se alzaria con ella; y todos los más procuradores lo contradecíamos, y que era muy leal y gran servidor de su majestad; y en aquella sazon llegó don Pedro de Albarado á Méjico, que habia venido de Castilla y traia la gobernacion de Guatimala, é adelantado, é comendador de Santiago, y casado con una señora que se decia doña Francisca de la Cueva, y falleció aquella señora así como llegó á la Veracruz.
Pues como llegó á Méjico, con mucho luto él y sus criados, y como entendió los capítulos que enviaban por parte del presidente é oidores, túvose órden que el mismo adelantado, con los demas procuradores, escribiésemos á su majestad todo lo que la audiencia Real intentaba; y como fueron los procuradores, por mí ya nombrados, á Castilla con los recaudos y capítulos que habian de pedir, y los del Real Consejo de Indias conocieron que todo iba guiado contra Cortés por pasion, no quisieron hacer cosa que conviniese al Nuño de Guzman ni á los demas oidores, porque ya estaba mandado por su majestad que de hecho les quitasen el cargo; y tambien en este instante Cortés estaba en Castilla, que en todo les fué muy contrario, é volvia por su honra y estado, y luego se apercibió Cortés para venir á la Nueva-España con la señora marquesa su mujer y casa; y entre tanto que viene, diré cómo Nuño de Guzman fué á poblar una provincia que se dice Xalisco, é acertó en ello muy mejor que no Cortés en lo que envió á descubrir, como adelante verán.
CAPÍTULO CXCVII.
CÓMO NUÑO DE GUZMAN SUPO POR CARTAS CIERTAS DE CASTILLA QUE LE QUITABAN EL CARGO, PORQUE HABIA MANDADO SU MAJESTAD QUE LE QUITASEN DE PRESIDENTE Á ÉL Y Á LOS OIDORES, Y VINIESEN OTROS EN SU LUGAR, ACORDÓ DE IR Á PACIFICAR Y CONQUISTAR LA PROVINCIA DE XALISCO, QUE AGORA SE DICE LA NUEVA-GALICIA.
Pues como Nuño de Guzman supo por cartas ciertas que le quitaban el cargo de ser presidente á él y á los oidores, é venian otros oidores; como en aquella sazon todavía era presidente el Nuño de Guzman, allegó todos los más soldados que pudo, así de á caballo como escopeteros y ballesteros, para que fuesen con él á una provincia que se dice Xalisco; y los que no querian ir de grado, apremiábalos que fuesen, ó por fuerza, ó habian de dar dineros á otros soldados que fuesen en su lugar, y si tenian caballos se los tomaban, y cuando mucho, no les pagaban sino la mitad ménos de lo que valian; y los vecinos ricos de Méjico ayudaron con lo que podian, y llevó muchos indios mejicanos cargados y otros de guerra para que le ayudasen, y por los pueblos que pasaba con su fardaje hacíales grandes molestias.
Y fué á la provincia de Mechoacan, que por allí era su camino, y tenian los naturales de los pueblos de aquella provincia, de los tiempos pasados, mucho oro, é aunque era bajo, porque estaba revuelto con plata, le dieron cantidad dello; y porque el Cazonci era el mayor cacique de aquella provincia, que así se llamaba, no le dió tanto oro como le demandaba el Nuño de Guzman, le atormentó y le quemó los piés, y porque le demandaba indios é indias para su servicio, y por otras trancanillas que se le levantaron al pobre cacique, lo ahorcó, que fué una de las más malas é feas cosas que presidente ni otras personas podian hacer, y todos los que iban en su compañía se lo tuvieron á mal é crueldad; y llevó de aquella provincia muchos indios cargados hasta donde pobló la ciudad que agora llaman de Compostela, con harta costa de la hacienda de su majestad y de los vecinos de Méjico, que llevó por fuerza; y porque yo no me hallé en aquesta jornada, se quedará aquí; mas cierto que Cortés ni el Nuño de Guzman jamás se hubieron bien; y tambien sé que siempre se estuvo en aquella provincia el Nuño de Guzman hasta que su majestad mandó que enviasen por él á Xalisco á su costa, y le trujeron preso á Méjico á dar cuenta de las demandas y sentencias que contra él dieron en la Real audiencia que nuevamente en aquella sazon vino, y le prendiesen á pedimiento de Matienzo, y Delgadillo.
Quiérolo dejar en este estado, y diré cómo llegó la Real audiencia á Méjico, y lo que hizo.