—«Esto manda su majestad; ansí se ha de hacer, y no otra cosa.»

Y lo llevó á la cárcel pública de aquella ciudad, y estuvo preso ciertos dias, hasta que rogó por él el virey, que le sacaron de la cárcel; y como conocieron en el de la Torre que traia recios aceros para no dejar de ejecutar la justicia, y tomar residencia muy á las derechas al Nuño de Guzman; y como la malicia humana muchas veces no deja cosa en que pueda infamar que no infame, parece ser que, como el licenciado de la Torre era algo aficionado al juego, especial de naipes; puesto que no jugaba sino al triunfo, é á la primera por pasatiempo, quien quiera que fué, por parte de Nuño de Guzman, como en aquel tiempo se usaban traer unos tabardos con mangas largas, especial los juristas, metieron en una de las mangas del tabardo del licenciado de la Torre una baraja de naipes de los chinos, y ataron la manga de arte que no se pudiesen salir en aquel instante; é yendo el licenciado por la plaza de Méjico, acompañado de personas de calidad, quien quiera que fué en metelle los naipes, tuvo manera que se le desató, é saliéronsele los naipes pocos á pocos, y dejó rastro dellos en el suelo en la plaza por donde iba, é las personas que le iban acompañando, desque vieron salir de aquella manera los naipes, se lo dijeron, que mirase lo que traia en la manga del tabardo; y cuando el licenciado vió tan grande burla dijo con grande enojo:

—«Bien parece que no quieren que haga yo justicia á las derechas; mas si no me muero, yo la haré de manera que su majestad sepa deste desacato que conmigo se ha hecho.»

Y dende á pocos dias cayó malo, y de pensamiento dello ó de otras cosas, de calenturas que le ocurrieron murió.

CAPÍTULO CXCIX.

CÓMO VINO DON FERNANDO CORTÉS, MARQUÉS DEL VALLE, DE ESPAÑA, CASADO CON DOÑA MARÍA DE ZÚÑIGA, CON TÍTULO DE MARQUÉS DEL VALLE Y CAPITAN GENERAL DE LA NUEVA-ESPAÑA Y DE LA MAR DEL SUR; Y CÓMO TRUJO CONSIGO AL PADRE FRAY JUAN LEGUIZAMO Y OTROS ONCE FRAILES DE LA MERCED, Y DEL RECEBIMIENTO QUE SE LE HIZO.

Como habia mucho tiempo que Cortés estaba en Castilla, é ya casado, como dicho tengo, y con título de marqués y capitan general de la Nueva-España y de la mar del Sur, tuvo gran deseo de se volver á la Nueva-España á su casa y estado é tomar posesion de su marquesado; y como supo que estaban las cosas en Méjico en el estado que he referido, de la manera ya por mí dicha, se dió priesa, é se embarcó con toda su casa, é trujo en su compañía doce frailes de la Merced para que llevasen adelante lo que habia dejado empezado fray Bartolomé, ya por mí memorado, y los que despues dél fueron, y estos de ahora no eran ménos virtuosos é buenos que los otros; que se los dió por tales á Cortés el general de la Merced por mandado del consejo de las Indias, é venia por cabeza dellos un fray Juan de Leguizamo, vizcaino, buen letrado y santo, segun decian, y con él se confesaba el marqués y la marquesa; é como dicho he, embarcáronse todos, é con buen tiempo que les hizo en la mar, llegó Cortés con los suyos, ménos un fraile de los doce, que se murió á pocos dias de embarcacion al puerto de la Veracruz, é se hizo recebimiento, mas no con la solenidad que solia; y luego se fué por ciertas villas de su marquesado.

Y llegado á Méjico, se le hizo otro recebimiento; y en lo que entendió fué en presentar sus provisiones de marqués y hacerse pregonar por capitan de la Nueva-España y del mar del Sur, y demandar al viso-rey y audiencia Real que le contasen sus vasallos de la manera que él pensó; y esto me parece á mí que vino mandado de su majestad para que se los contase; porque, á lo que yo entendí, cuando le dieron el marquesado demandó á su majestad que le hiciese merced de ciertas villas y pueblos con tantos mil vecinos tributarios; y porque esto yo no lo sé bien, remítome á los caballeros é otras personas que lo saben mejor, y á los pleitos que sobre ello se han traido; porque tenia el marqués en el pensamiento, cuando demandó á su majestad aquella merced de los vasallos, que se habia de contar cada casa de vecino ó cacique ó principal de aquellas villas por un tributario, como si dijésemos ahora que no se habian de contar los hijos varones que eran ya casados, ni yernos, ni otros muchos indios que estaban en cada casa en servicio del dueño della, sino solamente cada vecino por un tributario, ora tuviese muchos hijos ó yernos ó otros allegados criados; y la audiencia Real de Méjico proveyó que lo fuese á contar un oidor de la misma Real audiencia, que se decia el doctor Quesada, y comenzó á contar desta manera: el dueño de cada casa por un tributario, y si tenian hijos de edad, cada hijo un tributario, y si tenia yernos, cada yerno un tributario, y los indios que tenia en su servicio, aunque fuesen esclavos, cada uno contaban por un tributario.

Por manera que en muchas de las casas contaban diez y doce y quince tributarios; y Cortés tenia por sí, y así lo proponia, y demandó á la Real audiencia que cada casa era un vecino y se habia de contar sólo un tributario; y si cuando el marqués suplicó á su majestad le hiciese merced del marquesado, le declarara que le diera tal villa y tal villa con los vecinos y moradores que tenia, su majestad le hiciera merced dellas; y el marqués creyó y tenia por cierto que demandando los vasallos que acertaba en ello, y salió al contrario.

Por manera que nunca le faltaron pleitos, y á esta causa estuvo mal con las cosas del doctor Quesada, que se los fué á contar, y aun con el viso-rey y audiencia Real no le faltaron cosquillas, y se hizo relacion dello á su majestad por parte de la Real audiencia, para saber de la manera que habian de contar; y se estuvo suspenso el contar de los vasallos ciertos años, que siempre el marqués llevó sus tributos dellos sin haber cuenta.