»Á esto digo que todos son muertos; y hágoos saber, excelente Fama, que todos los que he recontado y ahora somos vivos de los de Cortés, hay cinco y estamos muy viejos y dolientes de enfermedades, y muy pobres y cargados de hijos, é hijas para casar y nietos, y con poca renta, y así pasamos nuestras vidas con trabajos y miserias.
»Y pues ya he dado cuenta de lo que me han preguntado, y de nuestros palacios y blasones y sepulcros, suplícoos, ilustrísima Fama, que de aquí adelante alceis más vuestra excelente y virtuosísima voz, para que en todo el mundo se vean claramente nuestras grandes proezas; porque hombres maliciosos, con sus sacudidas y envidiosas lenguas, no las escurezcan.»
Á esto que he suplicado á la virtuosísima Fama, me responde que lo hará de muy buena voluntad, y que se espanta cómo no tenemos los mejores repartimientos de indios, pues los ganamos, y su majestad lo manda dar como lo tiene el marqués Cortés; no se entiende que sea tanto, sino moderadamente.
Y más dice la loable Fama, que las cosas del valeroso y animoso Cortés han de ser siempre muy estimadas y contadas entre los hechos de valerosos capitanes, y que no hay memoria de ninguno de nosotros en los libros históricos que están escritos del coronista Francisco Lopez de Gómora, ni en la del doctor Illescas, que escribió el Pontifical, ni en otros modernos coronistas; y sólo el marqués Cortés dicen en sus libros que es el que lo descubrió y conquistó, y que los capitanes y soldados que los ganamos quedamos en blanco, sin haber memoria de nuestras personas y conquistas, y que ahora se ha holgado mucho en saber claramente que todo lo que he escrito en mi relacion es verdad; y que la misma escritura conmigo al pié de la letra dice lo que pasó, y no lisonjas viciosas, ni por sublimar á un solo capitan quieren deshacer á muchos capitanes y valerosos soldados, como ha hecho el Francisco Lopez de Gómora y los demas coronistas que siguen su propia historia.
Y más me prometió la buena Fama, que por su parte lo porná con voz muy clara á doquiera que se hallare.
Y demas de lo que ella declara, que mi historia si se imprime, cuando la vean é oyan, la darán fe verdadera, y escurecerá las lisonjas de los pasados.
Y demas de lo que he propuesto á manera de diálogo, me preguntó un doctor, oidor de la audiencia Real de Guatimala, que cómo Cortés, cuando escribia á su majestad y fué la primera vez á Castilla, no procuró por nosotros, pues por nuestra causa, despues de Dios, fué marqués y gobernador.
Á esto respondí entónces, y ahora lo digo, que, como tomó para sí al principio, cuando su majestad le hizo merced de la gobernacion, todo lo mejor de la Nueva-España, creyendo que siempre fuera señor absoluto y que por su mano nos diera indios ó quitara, y á esta causa se presumió que no lo hizo ni quiso escribir; y tambien, porque en aquel tiempo su majestad le dió el marquesado que tiene, y como le importunaba que le diese luego la gobernacion de la Nueva-España, como de ántes la habia tenido, y le respondió que ya le habia dado el marquesado, no curó de demandar cosa ninguna para nosotros que bien nos hiciese, sino solamente para él.
Y demas desto, habian informado el factor y veedor y otros caballeros de Méjico á su majestad que Cortés habia tomado para sí las mejores provincias y pueblos de la Nueva-España, y que habia dado á sus amigos y parientes que nuevamente habian venido de Castilla otros buenos pueblos y que no dejaba para el Real patrimonio sino poca cosa; despues supimos mandó su majestad que de lo que tenia sobrado diese á los que con él pasamos; y en aquel tiempo su majestad se embarcó en Barcelona para ir á Flandes; y si Cortés en el tiempo que ganamos la Nueva-España la hiciera cinco partes, y la mejor y de más ricas provincias y ciudades diera la quinta parte á nuestro Rey y señor de su Real quinto, bien hecho fuera, y tomara para sí una parte y media, y dejara para iglesias y monasterios y propios de ciudades, y que su majestad tuviera que dar y hacer mercedes á caballeros que le servian en las guerras de Italia ó contra turcos ó moros, y las dos partes y media nos repartiria perpétuas, con ellas nos quedáramos, así Cortés con la una parte como nosotros; porque, como nuestro César fué tan cristianísimo y no le costó el conquistar cosa ninguna, nos hiciera estas mercedes.
Y demas desto, como en aquella sazon no sabiamos qué cosa era demandar justicia, ni á quién la pedir sobre nuestros servicios, ni otros agravios y fuerzas que pasaban en las guerras, sino solamente al mismo Cortés como capitan, y que lo mandaba muy de hecho, nos quedamos en blanco con lo poco que nos habian depositado, hasta que vimos que á don Francisco de Montejo, que fué á Castilla ante su majestad, le hizo merced de ser Adelantado y gobernador de Yucatan, y le dió los indios que tenia en Méjico y le hizo otras mercedes; y Diego de Ordás, que asimismo fué ante su majestad, le dió una encomienda de Santiago y los indios que tenia en la Nueva-España; y á don Pedro de Albarado, que tambien fué á besar los piés á su majestad, le hizo Adelantado y gobernador de Guatimala y Chiapa, y comendador de Santiago, y otras mercedes de los indios que tenia; y á la postre fué Cortés y le dió el marquesado y capitan general del mar del Sur; y desque los conquistadores vimos que los que no parecian ante su majestad no tenian quien suplicase nos hiciese el Rey mercedes, enviamos á suplicalle que lo que de allí adelante vacase, nos lo mandase dar perpétuo; y como se vieron nuestras justificaciones, cuando envió la primera audiencia Real á Méjico, y vino en ella por presidente Nuño de Guzman y por oidores el licenciado Delgadillo, natural de Granada, y Matienzo, de Vizcaya, y otros dos oidores que llegando á Méjico murieron; y mandó su majestad expresamente al Nuño de Guzman que todos los indios de la Nueva-España se hiciesen un cuerpo, á fin que las personas que tenian repartimientos grandes que les habia dado Cortés, que no les quedasen tanto y les quitasen dello, y que á los verdaderos conquistadores nos diese los mejores pueblos y de más renta, y que para su Real patrimonio dejasen las cabeceras y mejores ciudades.