El dueño de la casa ocupa un lugar del centro de la mesa entre sus convidados en calidad de anfitrión.

La señora se coloca en el otro centro enfrente de su marido.

La dueña de la casa dará muestra de exquisito tacto en la colocación de los convidados, sabiendo armonizar las posiciones, las simpatías y las edades.

Si es viuda la señora de la casa, debe sentarse enfrente de su padre, o de su tío, o de un antiguo amigo, o de un pariente de edad; nunca enfrente de un joven, a menos que sea su hijo o pariente.

Si el que convida es viudo, coloca enfrente a su madre o a una señora de edad que sea pariente o antigua amiga.

En llegando al comedor, la señora a quien el huésped ha acompañado se sienta a la derecha de este.

El anfitrión permanecerá de pie en su puesto hasta que todos los convidados hayan ocupado el asiento que él les habrá ido indicando a medida que hayan entrado en el comedor.

En la buena sociedad está abolida la costumbre de señalar el sitio de cada convidado mediante una papeleta que lleva su nombre.

Si el huésped no tiene cuidado en indicar a cada convidado su lugar correspondiente, puede resultar que ocupen asientos inmediatos marido y mujer o personas incompatibles, cosa que debe evitarse, aunque sea apartándose en la colocación de los comensales del orden de precedencia que debe observarse rigurosamente para dirigirse al comedor.

Naturalmente, si el orden de precedencia puede observarse sin estos inconvenientes, hay que atenerse a él en la colocación de los comensales.