Durante su ausencia se oyó el disparo de una pistola en el cuarto de Velásquez,—el tiro que privó de la vida al desarmado “suicida”. Al día siguiente la historia del “suicidio” se puso en circulación. El General González Cosío jamás habría visitado secretamente á su protegido Villavicencio en Belén, impulsado por la mera amistad, pues hombres de su calidad no comprometen su honor para proteger á asesinos, á no ser que haya algún motivo imperioso y gran peligro en no hacerlo. ¿Quién, sino un hombre poderoso, como González Cosío, pudo forzar á un juez á revocar una sentencia de muerte, conmutándola en la de seis años de prisión? ¿Quién, sino ese mismo poder oculto, protegió incondicionalmente á hombres como Villavicencio y Cabrera, durante su permanencia en la cárcel, y los sigue protegiendo hoy aún?

El General González Cosío es el responsable de todo este negocio tan tenebroso y tan deshonroso. No llegó á sentarse en el trono; pero cortó los dos hilos que pudieron haber servido para colgarlo de una horca.

Continúa aún en el Gabinete, como Ministro de la guerra, revoloteando al rededor de todas las carteras, como un “tiovivo”. Pero Porfirio Díaz es un viejo zorro astuto, que no olvida, y por eso conserva al pretendiente cerca de él, como un rehén.


Puede haber temporalmente secretos de Estado; es imposible que haya secretos nacionales. Y lo único que se consigue con el método de las presentaciones oficiales de un país á los extranjeros es perder el crédito como gobierno sin hacer subir el del país.

F. Bulnes.


La Justicia bajo el Diazpotismo.

La justicia es el objeto del gobierno; es el objeto de la sociedad civil. Siempre ha sido proseguida y lo será por siempre hasta que se obtenga, ó hasta que se pierda la libertad en la prosecución.

Madison en “The Federalist”.