—Le pidió abuelita que tomara el te con ella, agregó Zoraida, y allí está Laura también. ¿Te has fijado, Camucha, con qué atención le escucha Laura, cuando él habla?... Es una suerte. Así, poco a poco, me irá perdonando...
—No, ella no se olvida de José Luis, ella piensa que José Luis hubiera sido el amor de su vida, repuso Carmen. No te puede perdonar.
Adriana, preocupada deliciosamente por la idea de que Julio estaba en la casa y que lo vería de un momento a otro, no fijó su atención en aquella frase de Carmen. Puso todos los sentidos en sorprender, sobre la cara de Julio, cuando bajara, la impresión que le haría volverla a ver. Sorprendió una expresión de júbilo, y en seguida una contradictoria mirada de tristeza. Con él bajaba Laura. Esta se adelantó y la besó en los ojos.
—Al fin se han vuelto a encontrar, después de un año, murmuró.
Se habló de música y de novelas. Laura, que no dejó un instante de observar a Julio, suspiró, volvió a besarla.
—Se me ocurre que ya te quiere, le dijo al oído.
Pero Adriana no podía escucharla. Miraba a Julio con los ojos un poco atónitos y sonreía con su sonrisa ligera.
VII
Pensó que una influencia oculta atraía sobre su vida el amor, aquel mismo amor que un año antes había visto brillar en los ojos de Julio.
Pero ahora este pensamiento no asociaba la dicha y tampoco la antigua esperanza. Volvió a verle y nada ocurrió. Una gran inquietud la invadía. Cuando él hablaba, fingía distraerse, le dejaba conversando con Zoraida y llevándose a Laura al otro extremo del salón, se ponían a hojear el álbum de los retratos abierto sobre la falda de ambas. Sentía, sin saber por qué, la necesidad de mostrarle indiferencia. Sin embargo, no advertía en Julio señal alguna de que esta actitud le afectara. "Hoy se ha marchado—pensaba—sin saber a qué atenerse con respecto a mí... Desgraciadamente, yo estoy en el mismo caso"... Y comenzaba a dudar de la pasión presentida. ¿O andaría él tal vez enamorado de Laura...?