¡Don Antonio!... (Abrazándole.) ¡Me tie usté encantao! ¡Usté es mi hombre!

Antonio

(Volviendo a la sonrisa y a la jactancia.) Nada, don Paco. Escaramucillas de principiante. ¡Digo!... ¡Pues si usté me hubiera visto a mí una noche en la calle de las Sierpes, en Sevilla!... ¡Cinco hombres disparándome tiros, y yo limpiándome las botas y cantando la Madelón traducida!... ¡Que lo diga aquí Mariano!... ¿Te acuerdas?...

Mariano

¡Aquello era para erizar a un queso de bola!

Antonio

¡Cinco blancos en la caja de betún, un impacto en el cepillo, el betunero herido en la región metacarpiana y un servidor desviando las balas con ligeros balanceos! (Los hace.) Lo mismito que si estuviera bailando un fox.

Paco

¡Qué admirable! ¿Y de dónde se saca usté esa serenidad?

Antonio