(Vanse primera izquierda.)
ESCENA VI
DON ANTONIO. Luego LEONORCITA y MARCOS, primera izquierda.
Antonio
(Sale con cautela, se va a un rincón, saca el frasquito, bebe otro trago y se lo guarda.) Este trago no es de miedo, es de nervioso. Nada, que estaba yo en la mesa, inspeccionando y se me ha sentado una señora gorda, pero guapísima, a la distancia de un papel de fumar de canto... y me está echando unas miradas, que entre ella y el radiador que tengo detrás... ¡estoy de nervioso, que me quiero sonar y no me doy con las narices!... ¡Qué tía! ¡Qué ojazos! Y qué... ¡qué miserable es la Humanidad!... ¡Yo, que ya me había olvidao de estas cosas!... Pero está visto que en cuanto come uno quince días seguidos y se muda cada semana, pues que... ¡que se le reverdecen las pasiones!... ¡Verdad es que las gordas han sido siempre mi perdición!... ¡Dios mío, que no me se verdevezcan, digo, redrevezcan, digo, verde... bueno, que no lo digo!... ¡Y me paece que esa contertulia anda detrás de movilizarme un cadáver!... ¡No, pues como yo la pille en una trampa, la echo, y así me quito de peligros!... Es lo mejor. (Va a entrar y le detienen Leonorcita y Marcos, que salen primera izquierda.)
Leonor
(Que viene muy mona, vestidita de nuevo y con un sombrerito elegante.) ¡Papá, papaíto!...
Antonio
¡Hija, hija mía!... (La besa y la abraza.)
Leonor