Porque era mi obligación. He cumplido con mi deber. Nada más. (Todavía excitado y enardecido por su fiereza, conserva hasta el final una imponente energía, que hace obedecer a todos ciegamente.) ¡Conque esto se ha acabado! ¡A jugar todo el mundo; pronto!
Todos
Sí, señor. (Se ponen a jugar de nuevo.)
Antonio
¡¡Pronto!! (A Mariano.) Tú, a darme las diez mil pesetas, ¡inmediatamente!
Mariano
Pero...
Antonio
¡Inmediatamente!
Paco