Sole

¿No lo ves? Te juro que cuando estoy en la sala de juego y entras tú y dicen las mujeres: «Ese es el tío más valiente de Madriz»; amos, es que me se ensancha el alma y me digo: ¡Ese valiente es mío! Le hago yo dos caricias a ese tigre, y un borreguito.

Antonio

Oye, encanto, búscame otro animal comparativo... Eso de borrego no me hace, la verdad.

Sole

Y a más que el mío es un cariño sin interés. Eso ya lo sabes. Porque, ¿qué m’has dao tú pa como está todo? Tres porquerías y en pizcas. ¿Y no he dejao yo por ti a don Tomás el de Arganda, que me quería alquilar un entresuelo en Príncipe de Vergara? ¿Entonces?... Bueno, y a propósito. Oye, gloria, que ayer me trajeron la faztura de los tres sombreros... ¿qué te queda de las diez mil pesetas?

Antonio

(Volviéndose de espaldas a Marcos, que le mira.) ¡Pero enormidad de mi vida, si ya te he dicho que las he liquidao!

Sole

¿Pero es de veras?...