¡Qué espanto!
Antonio
(Sonriendo.) Sí, pero no me hizo nada. Salimos rodando... la botella quedó vacía, yo derramado por el suelo... nada, un sustillo. Recogí los cascos, me volví a la Casa anunciadora y, compadecidos, me cambiaron de anuncio. Y como cosa más a propósito para mí, me dieron un disfraz de cabezudo.
Leonor
¿Tú cabezudo?...
Antonio
Ahí lo tengo. Lo escondí debajo de la cama para que no lo vieses; pero hoy, ante la perspectiva de otro día sin pan...
Leonor
No, papá, de ninguna manera. ¡Tú de cabezudo para que te apedreen los chicos! ¡No, jamás, nunca!... ¡Prefiero morir de hambre!
Antonio