(Golpeando la puerta.) No, papá, papaíto mío, abre... No te vistas, que no te dejo... Yo empeñaré mi abrigo... mis zapatos, todo... Abre, que no te dejo...
Antonio
(Abre y sale con un disfraz de cabezudo, que consiste en una gorda y ridicula cabeza de un señor molletudo y sonriente, con un monóculo y sombrero de paja, ladeado, guiñando un ojo, con el pelo rizado. Lleva un gran batín gris en forma de gabán de trabilla. En la mano, un cartelón sujeto a un palo con un anuncio que dice: «Coñac Diez Cepas. El rey de la alegría. Maroto Hermanos, cosecheros. Jerez de la Frontera. Sucursal, Carmen, 119. Madrid.») Ya ves que no se me conoce. ¡Déjame, hija mía, déjame!... (Intenta irse.)
Leonor
(Le detiene.) ¡Ay, qué horror! ¡Ay, no!... ¡Ay, no, papá!... ¡No quiero verte en esa vergüenza tan ridicula!... ¡No, no sales! ¡Quítate eso!
Antonio
No hay otro remedio: déjame, hija mía. ¡No puedo dejarte morir!
Leonor
(Llorando.) ¡No, por Dios, papá; quítate eso, de rodillas te lo pido! (Se arrodilla y se coge a sus pies.) Que no quiero verte así. ¡Quítatelo!