Antonio
¡Mariano! (Se abrazan efusivamente.)
Mariano
¡No te quiero yo naa!... ¡Maldita sea! Bueno, ¿y qué es de vuestra vida, buen mozo?
Antonio
Si le llamas vida a esto, ya puedes figurártelo, Mariano.
Mariano
(Mirando la habitación.) Sí, ya veo... Y ya m’ha dicho la chica... ¡Tropelías del destino, Antonio! Pero, en fin, aquí estoy yo. No hay que apurarse. No siendo la muerte, de too se sale. Yo debía haber venío antes, que os quiero chipén, y no os tengo olvidaos; que no me acuesto una noche, la noche que me acuesto, que no m’acuerde de vosotros, por mi salú. Sino que este Madriz arruga los días; el tiempo s’achica y no tiene uno una hora pa naa. Y menos con la vida, de uno, que siempre pa arriba y pa abajo y jaleos y berenjenales... que ya lo sabes tú. En fin... bueno, chiquilla, que estás mu monísima... Algo de mal colorcito, pero eso ya, se remediará, que las cosas van a cambiar.
Antonio
¿Qué dices?...