Mariano
Está en el seguro.
Antonio
(Se la guarda con un miedo espantoso. Desde este momento no se atreve a moverse violentamente.) Bueno; pues nada, Mariano, hasta luego, y gracias por todo, porque has venido a traer la tranquilidad a mi casa.
Mariano
¡Adiós, Antonio, y ánimo!... Hay que defender a esos angelitos, que ahora son chiquillas, pero luego crecen, y si el hambre las empuja...
Antonio
¡Calla, por Dios! Hasta luego, Mariano.
Mariano
Adiós, Antoñito. (Le abraza.)