ESCENA III

DON MARCELINO. Luego PICAVEA, puerta derecha.

Marc.

Bueno, y cualquiera que me vea a mí con este periódico en la mano cree que yo sé alemán; pues no, señor. Es que me entretengo en contar las pes, las cús y las kás que hay en cada columna. ¡Un diluvio! ¡Qué gana de complicar! ¡Para qué tantas consonantes, señor! Es como añadirle espinas a un pescado.

(Entra Pablito Picavea, mozo vano y elegante, con una elegancia un poco provinciana. Entra anheloso, impaciente. Es sujeto rápido de expresión y de movimientos.)

Pic.

Buenos días, don Marcelino.

(Deja el bastón y el sombrero, mira por el balcón de la izquierda, consulta su reloj, lo confronta con el del salón y empieza a revolver entre los periódicos.)

Marc.

Hola, Pablito. ¡Qué raro!... ¡Tú por el gabinete de lectura!