Num.
Claro, figúrese usted, un estofado de tantos siglos...
Gonz.
Y por tres mil pesetas...
Num.
Sí, bueno, pero tres mil pesetas por un estofado, comprenderá usted... Además, que es cosa a la que no he tenido nunca gran afición...
Gonz.
Entonces nada digo... Y ea, amigo Galán, adelántesenos usted; evitemos la maledicencia, que no nos vean llegar juntos. Les separo a ustedes, pero sólo unos minutos. No me guarde usted rencor.
Num.
No, no, quiá... ¡Cómo rencor!... ¡por Dios!... Aprovecharé para ir a la sala de billar.