Gonz.
¿Estoy fuerte?
Arís.
Superabundantemente fuerte. Pétreo.
Gonz.
Picavea creo que no tira.
Arís.
Ni enganchado. Si se pueden emplear en estos lances los términos taurinos, diré a usted que en la corridita de esta tarde, más bien becerrada—por lo que al adversario se refiere,—se viene usted a su casa con una ovación y una oreja... más las dos suyas, naturalmente.
Gonz.
Pues a mí me habían dicho que Picavea, en cuestión de sable, era un practicón.