Marc.
Una verdad como un templo, Gonzalo.
Gonz.
¿Pero qué dices?
Marc.
Mátanos, desuéllanos... porque cada uno tiene en esta culpa una parte proporcional. Este por debilidad, por miedo; éste por inducción; yo por silencio, por tolerancia... pero lo que oyes es la verdad.
Gonz.
(Como enloquecido.) ¿Pero no sueño?... ¿pero es esto cierto, Marcelino?
Num.
Sí, don Gonzalo; hemos sido víctimas de una burla cruel. Yo no me he declarado jamás a su hermana de usted. Yo no he tenido nunca intención de casarme con ella, porque ni mi posición ni mi deseo me habían determinado a semejante cosa.