Ya está ahí.
Pic.
(Riendo.) Ja, ja... ¡No lo dije!... ¡Y a medio afeitar!... ¡Verá usted, verá usted!
ESCENA VI
DICHOS y DON GONZALO. Luego MENÉNDEZ.
Gonz.
(Que se asoma por la ventana de la izquierda de la casa vecina. Aparece despeinado, con un peinador puesto, media cara llena de jabón y una navaja en la mano.) ¡Pero hoy también el Barbero!... ¡Caramba, qué latita! ¡Quince días con lo mismo, y a la hora de afeitarme! Esto parece una burla. (Mirando a la calle y en voz alta.) Chits... ejecutantes... (Más alto.) Ejecutantes... Tengan la bondad de evadirse y continuar el concierto extramuros... ¿Qué?... ¿Que si no me gusta la voz del bajo? No, señor. Eso no es voz de bajo; ¡es voz de enano, todo lo más! (Como siguiendo la conversación con alguien de abajo.) Y como me estoy afeitando y desentona de una forma que me crispa, me he dado un tajo que se me ven las muelas... ¿Cómo?... ¿Que si las postizas?... ¡Hombre, si no hubiera señoritas en los balcones, ya le diría yo a usted!... pero ahora le bajará un criado el adjetivo que merece esa estupidez para que se lo repartan entre los cinco del cuarteto. ¡So sinvergüenzas!... ¡No, señor, no echo de menos al barbero!... ¡Vayan muy enhoramala, rasca intestinos!
Marc.
No les hagas caso, Gonzalo.
Pic.