Men.

¿Pero don Numeriano, y no se puede saber por qué ha entornado usted?

Num.

¿Que por qué he entornado?... ¡Ah, plácido y patriarcal Menéndez!... tú, sí, tú puedes saberlo. Ven, que voy abrir mi pecho a tu cariñosa amistad.

Men.

Abra usted.

Num.

Menéndez, yo te debo a ti...

Men.

Trescientas cuarenta y cinco pesetas de bocadillos.