Men.

¡Repeine!

Num.

¡¡Pero qué dice esta anciana!! (Lee.) «Y sus entusiastas elogios a mi belleza estética, que solo puedo atribuir a una bondad insólita...» (¡qué tía más esdrújula!) «consultele a mi corazón, pedile consejo a mi hermano como usted indicome...» ¡cuerno! «y mi hermano y mi corazón de consuno, decídenme a aceptar las formales relaciones que usted me ofrenda...» ¡Me ofrenda!... ¡Mi madre!

Men.

¿Pero usted la ha ofrendido?

Num.

¡Yo qué la voy a ofrender, hombre! (Lee.) «¡Ah, Galán! el amor que usted me brinda es una suerte...» ¡Pero Dios mío, si yo no la he brindado ninguna suerte a esta señora! «Es una suerte, porque prendióse en mi alma con tan firmes raíces, que nadie podrá ya arrancarlo; y si quieren hacer la prueba, háganla cuanto antes; ¡ah, Galán! ¿Se lo digo todo en esta carta?... Yo creo que sí.»

Men.

Y yo creo que también.