Pepe

¡Por Dios, Alfredo!... ¡Trabajar!... ¡No insistas, caramba! No me hables a mí de trabajo. Nada de propósitos antiprogresivos. Fíjate en las aspiraciones del proletariado universal. Ahí tienes los trade unions de Inglaterra, los sein feiner, los forein besteblat, L’internationel y todas las grandes colectividades societarias, todas las grandes masas obreras uniéndose para no hacer nada o para hacer lo menos posible... ¿Y vamos ahora nosotros —hombres cultos— a volver la cara a las corrientes modernas?... ¡de ningún modo!... ¡Trabajo, no!

Alfredo

Sí, bueno, tío, pero es que si no trabajamos...

Pepe

Tú observa cómo a medida que la gente es más progresiva y más culta, ¡quiere trabajar menos y ganar más!... Pues bien, yo, absolutamente identificado con este noble propósito societario, pretendo ir de un salto a su absoluta consecución. Yo no trabajaré ni tanto así, hasta que se logre la triplicación de los sueldos y la supresión total del trabajo. Porque si te dan mucho dinero y no te dan tiempo para gastártelo, ¡qué haces! ¡Viene el desequilibrio anunciado por los marxianistas... y eso no! Yo no quiero la grave responsabilidad de volver la cara a los grandes ideales humanos. ¡Nada de trabajo!... De modo que... (Se escucha rumor de voces femeninas en el huerto.)

Alfredo

¡Calle usted, por Dios!

Pepe

¿Pues?...