Alfredo

¡Yo estoy atónito, absorto!... ¿Pero usted comprende?...

Pepe

¡Yo que voy a comprender, hombre!... ¡Este kilómetro de longaniza acaba de enrarecer las tinieblas de mi espíritu! Porque yo, últimamente, me explico lo de instalarnos con comodidad, me explico el tratamiento, el postre de cocina; pero que venga Mangola y nos ponga una tienda de ultramarinos, eso no me lo explico yo... ¡Ni se lo explica Aristóteles!

Alfredo

¡Porque, vamos, aquí en este pueblo, es que cree usted que le van a pegar un tiro y le ponen un estanco!

Pepe

¡Ni más ni menos!... Y que no cabe duda que esto no es confusión, aquí lo tienes bien claro. (Lee el sobre de la carta.) «Señor don José María de Ojeda». ¡Esto es un cuento de hadas!

Alfredo

Esto es una paliza que nos esnucan en cuanto caigan de su burro.