Pepe
Ya te he dicho que aquello fue una calaverada.
Eduarda
Pero, ¡ah! una calaverada que me produjo trastornos mentales horribles... Estuve dos años medio loca... Como me hiciste creer que te llamabas Piñones, que eras seminarista y capitán, todo a un tiempo, pues yo, en mi desvarío, aborrecí el cascajo y no hacía más que decir dominus vobiscum y saludar militarmente. ¡Con lo que yo te amaba!... ¡Abandonarme!
Pepe
¡Si vieras cuánto te he recordado!...
Eduarda
¿Es de veras, Pepe?
Pepe
Como me llamo Rigober... Caramba, perdona, que... que me sentía trasportado a aquellas locuras de cinco lustros ha.