¡Oh, insigne y gran señor!

Por tu visita honrosa,

la juventud estudiosa

te aclama con fervor.

¡Loor, loor, loooor!...

(Durante el himno han entrado las Comisiones con trajes de fiesta, se colocan ordenada y convenientemente, de modo adecuado, para que el conjunto pueda resultar más cómico.)

Társila

Con la venia del señor Alcalde. (Reverencia.) Excelentísimo señor: Cábeme, la inmerecida honra de ofrender a vuecencia este tierno plantel cultural, delicadas flores... (A un niño.) (Mateo, no te toques las narices, que está feo...) Delicadas flores que cultivó una servidora, humilde maestra superior, que no es normal, por envidias, e hija del gran pedágogo don Zacarías Ullera, mi señor padre, honra y prez de la magistratura docente nacional. Feo está que una servidora lo diga, pero mi señor padre era una persona muy docente; mucho más docente que yo. Con honda pena lo manifiesto. Sin embargo, como se murmura en la Corte que si los Ayuntamientos tienen o no tienen abandonadas sus obligaciones respecto a istrución pública, yo quiero dar a vuecencia un mentis, mostrándole los pogresos de estos tiernos niñas y niños, que no diré yo que sean unos Merlines, pero sí honra y prez de la infancia estudiosa y crecedera. (Tiburcio, que me das con el estandarte.) Y ahora, con permiso de vuecencia, me voy a permitir examinarlos, individual y corporativamente, para que se juzgue de su istrución. Con la venia.

Pepe

Oye, párvulo, no metas el dedo en el arrope, haz el favor. Siga...