¡No, no la abandone usted, señor Ojeda!
Pepe
Bueno, no tengáis cuidado. No soy ningún Cid Campeador, para qué voy a engañaros, y sentiría que un ventajista o un loco me hiciera dejar en este villorrio el agradable pergamino que me envuelve y que tantos afanes me ha costado conservar; pero al cabo, más mérito tiene jugarse el tipo con miedo que sin él. De modo que me quedo; le hablaré a tu marido.
Eduarda
Gracias, Pepe, muchas gracias. (Cristina va al balcón a mirar.)
Pepe
Eso sí, que yo le hablo a tu marido, pero el Cazorlita ese y el Alcalde me las pagan, vaya si me las pagan. ¿Lo que me contaste de que el Alcalde te hace el amor es cierto, verdad?
Eduarda
¡Cómo si no iba yo a decírtelo!
Pepe